Encontrarnos con posturas como la del fotógrafo Romain Bourven nos confirma que estamos en la dirección correcta: transitando hacia la metamorfosis de la observación. Se trata de proponerle al mundo otros ángulos y, con ello, nuevas formas de reconocernos como humanos.
Para Bourven, METAMORPHOPSIA es un enfoque que abraza la imperfección para acercarse a la propia humanidad y, de alguna manera, dejarla cruda y expuesta.
“No busco crear una enésima estética nueva. No busco lanzar una tendencia. Al deformar las formas, los colores y las perspectivas, no busco embellecer lo real, sino traducir lo que una fotografía documental no puede mostrar: la fatiga que altera la percepción, la euforia, la duda, el dolor, la pérdida de referencias, esos instantes en que el cerebro ya no ve el mundo tal como es, sino tal como lo siente.
No fotografío únicamente lo que está delante de mí. Intento hacer visible lo que me parece que ocurre en el interior. La fotografía ya no me basta. Quedarme en la superficie de lo visible tampoco me basta. Ya no busco aprobación.
En un mundo de estéticas estandarizadas, donde los comportamientos son moldeados por algoritmos y la imitación, y donde la satisfacción impulsada por el ego suele pesar más que la búsqueda de nuestro verdadero yo, elijo deconstruir mis imágenes.
Elijo hacerlas únicas, no por su punto de vista —que existe conmigo o sin mí—, sino revelando el camino que conduce a mi mente.
La IA aprende y replica.
Yo elijo desaprender.
Dejar de seguir.
Abrazar la imperfección para acercarme a aquello que más valoro: mi humanidad.
Esto es todo lo que tengo para mostrarte aquí.
Eres libre de odiar, de marcharte.
También eres libre de entender, de compartir un poco de cariño, de intercambiar.”
Edición | Mateo Robledo S.
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