Moverse cuando la tierra tiembla: el trote como puente y contención

Tras el sismo ocurrido en Colombia el pasado lunes 10 de agosto muchas comunidades se han movilizado para apoyar a los más afectados. Y aunque muchos no hayamos estado en el epicentro directo ni sufrido el colapso de nuestras viviendas, la catástrofe se siente con la misma gravedad en el pecho.

El dolor ajeno también pesa, la incertidumbre agota y el flujo constante de noticias termina por abrumar la mente. En momentos donde las estructuras colapsan y el entorno parece tambalearse, quedarse en el pánico suele profundizar el agotamiento emocional.

Es en estas coyunturas donde el deporte abandona cualquier pretensión de rendimiento, tiempos o espectáculo y se convierte en lo que verdaderamente es: una red de logística, solidaridad y soporte comunitario.

Diferentes comunidades y colectivos de corredores en Medellin decidieron no quedarse estáticos. Se convocaron no para medir ritmos ni completar un entrenamiento habitual, sino para reunir víveres, herramientas y suministros esenciales para las familias damnificadas. Salir a correr juntas se convirtió en una excusa: la herramienta accesible para convocar a la ciudadanía, abrir una conversación de ayuda mutua y construir un puente real de servicio directo hacia quienes hoy más lo necesitan.

Además, juntarse a trotar en medio de una crisis nacional no es un acto de evasión o insensibilidad frente al entorno. Al contrario: es una necesidad de contención mental. La actividad física colectiva actúa como un ancla fisiológica que ayuda a regular el sistema nervioso, liberar la tensión muscular acumulada y despejar la sobrecarga emocional. No se puede ofrecer ayuda sólida desde la parálisis o el agotamiento intelectual; moverse nos devuelve la esperanza, permitiéndonos recobrar la serenidad, la energía y la claridad que exige la reconstrucción de una comunidad.

Avanzar codo a codo en el asfalto posee una fuerza silenciosa. La presencia física del otro, la respiración compartida y el sonido constante de los pasos sincronizados nos recuerdan que no estamos solos frente a la angustia.

En Ensammmble creemos que el cuerpo en movimiento tiene la capacidad de reinterpretar y experimentar el mundo. El encuentro de estas comunidades movilizó insumos tangibles para la emergencia y además demostró que el deporte, cuando se desprende del ego, funciona como un lenguaje de esperanza que disipa la bruma, devuelve la energía y nos recuerda que el tejido social sigue vivo para levantarse.

Edición | Mateo Robledo S.

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